En el entorno familiar tenemos la costumbre de celebrar cualquier acontecimiento como cumpleaños, bautizos, bodas, comuniones... Pero no todo ha sido siempre así de agradable.
He tenido la suerte de conocer a los cuatro abuelos. Semanalmente iba a visitarlos porque sabía que les hacía mucha ilusión. De siempre todos han tenido detalles que nunca se olvidan, y he pasado momentos irrepetibles e inolvidables con ellos.
Llegó un día en el que a mi abuela paterna tuvieron que operarla por segunda vez de la cadera. La operación no resultó bien y desde entonces se quedó en silla de ruedas. Dentro de lo que cabía estaba bien, porque de cabeza se encontraba perfectamente. Esta situación supuso una dedicación importante de la familia, ya que además de la ayuda externa requería a mis padres y tíos turnarse para atender a mis abuelos, por lo que en muchas ocasiones no coincidíamos con mis padres en casa. Todo este proceso duró casi 8 años. Cada vez fui más consciente de la situación e iba a visitarlos con toda la ilusión del mundo cada fin de semana.
Finalmente, el 11 de enero de 2009 falleció. Yo sufrí mucho sobre todo el último mes, por el estado en el que se encontraba. Cuando murió fue bastante duro para mí, debido a que era el primer familiar cercano que fallecía, una persona a quien tanto había querido. Recuerdo que se le hizo un funeral muy entrañable en la parroquia del pueblo.
A partir de ese momento visité semanalmente a mi abuelo y los familiares se organizaron para llevarle la comida y cuidarle. A los once meses exactos de la muerte de mi abuela, el abuelo falleció. Fue un gran susto para todos por lo inesperado, ya que se encontraba bien.
Todo este proceso de sufrimiento, de intentar animar a los abuelos sabiendo lo que estaba pasando, ver a mi padres cómo se organizaban para ir a casa de los abuelos y cuidarlos, me aportó una gran enseñanza, un aprendizaje a partir del cual valoro muchísimo más a la familia y sé lo importante que es aprovechar cada momento que estamos juntos y ayudar a quien necesite ayuda. Por suerte, los abuelos maternos todavía viven y no hay mejor alegría que verles contentos cuando vamos a visitarlos.
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