El pasar del colegio a la Universidad ha sido un paso importante para mí. Soy una de las personas que tenía bastante claro qué estudiar, y sabía que en un futuro quería ser maestra.
Al comenzar el curso, en septiembre, tuve la gran suerte de poder seguir en el Tiempo Libre, pero ya no como educanda, sino como educadora, siendo monitora de un grupo estable de niños y niñas de 5º de Primaria. Veía que eran muchos niños a quien tenía que cuidar y educar, pero me di cuenta que semanalmente ellos también me enseñaban muchas cosas, como por ejemplo, de lo que de verdad era capaz. Pronto fui consciente de las horas que hay que meter y de la creatividad que hay que emplear para preparar las actividades. Pienso que asumir esta responsabilidad me está sirviendo para ir madurando y para organizarme mejor.
Un mes después, la Universidad nos ofreció la posibilidad de participar en grupos interactivos en el colegio "Larraona" con los grupos de Infantil y primer ciclo de Primaria. A unas amigas y a mí nos pareció interesante y pensamos en apuntarnos. Esta actividad se llevaría a cabo un jueves cada mes, lo que no nos quitaría mucho tiempo. Contactamos con la organización y nos pusimos "manos a la obra". La actividad consiste en que la tutora de la clase a la que te asignan, 2º de Primaria en mi caso, organiza unos ejercicios referidos a una asignatura y, con la clase dividida en pequeños grupos, haces de profesora. Es una experiencia muy interesante, ya que me sirve para darme cuenta de los distintos niveles que hay en una clase de Primaria y puedes recurrir a distintas técnicas para apoyar a quienes tienen dificultades. Sin pretenderlo, ejercitas la capacidad de la paciencia, de la ayuda hacia otros, de saber controlar situaciones imprevistas.
Para finalizar, hace poco tiempo, la organización de voluntariado de la Universidad nos informó sobre una actividad que se iba a llevar a cabo en el colegio "Andrés Muñoz Garde", un centro de Pamplona para chicos y chicas con discapacidades. Recuerdo que el primer día que llegué me llamó mucho la atención la alegría que tienen, y me hizo reflexionar sobre la cantidad de veces que nos quejamos por pequeñas cosas. Esa alegría que transmiten no la cambio por nada del mundo, a la vez que esa felicidad que tienes cuando ves que consigues tu objetivo: educar, a la vez que haces feliz a otros.
En conclusión, estas experiencias me están permitiendo iniciarme en la labor educativa con niños muy diferentes tanto en el ámbito escolar como en el extraescolar. Pienso que es un aprendizaje que es complementario al que diariamente recibo en la Universidad.



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