A lo largo de la Educación Secundaria tomé parte durante varios veranos en un campamento en Inglaterra, donde disfruté mucho por las aventuras que teníamos a diario. Pero no solo eran anécdotas, sino que a la vez estas nos aportaban un gran aprendizaje para hacer frente a situaciones fuera de un lugar conocido y en otro idioma y, sin duda, en otro ambiente cultural. Vivíamos en un pueblo llamado Shewrsbury. Residíamos en familias por parejas para poder ayudarnos, y cada día teníamos clases en las que participábamos todo el grupo. Por las tardes solíamos tener actividades de ocio y los miércoles y sábados íbamos de excursión a conocer distintas zonas como Londres, Chester, Liverpool... Los domingos nos dejaban día libre para estar con la familia de acogida.
El primer año que fui fue en el verano de 1º de la ESO. Tenía 13 años y recuerdo que nunca había salido fuera de España, y menos sin mi familia. Al principio tenía miedo, pero a la vez iba con ilusión. Recuerdo que al principio no me salían las palabras, pero luego me fui abriendo y poco a poco supe relacionarme con fluidez.
El segundo año ya conocía el campamento. Fuimos juntas una amiga y yo a la misma familia. Fue gracioso. Una de las anécdotas del comienzo del viaje fue que al sentarnos en el avión nos dijeron que había sobrepeso y que iban a sacar maletas de cualquiera. Claro, nosotros éramos un grupo y no podíamos separarnos, pero si algunas de las nuestras se quedaba en Bilbao (punto de salida) nos cambiarían todos los planes. Por suerte, al llegar a Londres todos teníamos nuestras maletas y todo quedó en un susto. Como esta historia se podrían contar muchas más. La verdad es que nos lo pasamos muy bien.
El tercer año, la familia de acogida estaba formada por una sola señora que nos trató con mucho cariño. Al llegar a su casa estuvimos hablando con ella, y la verdad es que estuvimos encantadas desde el primer momento. Aunque solo ella vivía en la casa, durante todo el mes pudimos relacionarnos con su familia, que incluía dos niños de dos años, uno de los cuales era su nieto. La primera semana le hicimos una tortilla de patata y nos pidió la receta. Con ella todavía tengo mucha relación y en épocas señaladas como Navidades, cumpleaños.... nos mandamos correos o postales.
En 1º de Bachillerato, último año en el que participé en esta actividad, fui desde Pamplona con otra amiga. Al principio era yo quien le animaba a hablar, quien le ayudaba a relacionarse, porque era su primera vez. Nos tocó en una familia en la que vivían los abuelos, la hija y la nieta de 1 año. La abuela era maestra en Educación Infantil. Ese año tuvimos relación estrecha con la niña de un año a diario, hasta tal punto que ya nos la dejaban para que la cuidásemos. Disfruté muchísimo. También sigo teniendo relación con esta familia.
Esta experiencia me ha aportado mucho, me ha ayudado en mi crecimiento personal, a saber cómo actuar en cada momento y con cada persona y a relacionarme socialmente. No quiero olvidarme de los dos monitores que nos acompañaron año a año. Pienso que el principio de cooperación se cumplió perfectamente entre ellos y nosotros. Fue una experiencia inolvidable.



No hay comentarios:
Publicar un comentario