Comencé a ir a la escuela a los tres años, ya que anteriormente no había asistido a una escuela infantil. Allá comencé a tener mis primeras amistades, y, por lo tanto, a desarrollar la sociabilidad.
El juego simbólico y las primeras letras son dos recuerdos que ocupan un lugar especial en mi memoria.
El juego siempre estaba en el centro de la actividad escolar diaria, tanto en los rincones del aula, como en los momentos de descanso. ¿Quién no recuerda cuando jugábamos a que éramos médicos o "a papás y a mamás"?
También recuerdo con agrado los cuentos que nos leía la profesora con la ayuda de imágenes. A partir de ahí nos fuimos introduciendo en la lectura de las primeras letras. A mi me encantaba.
No todo era estar en el aula. De vez en cuando íbamos de excursión para completar el aprendizaje llevado a cabo en clase. Casi siempre eran salidas de un único día, aunque no faltó algún campamento de dos o tres días. Fueron unas experiencias muy interesantes.
A lo largo del curso había celebraciones especiales, como las Navidades, los carnavales y, sin duda, los cumpleaños de cada uno de los alumnos.
La profesora conseguía con su labor que cada niño fuera progresando en su proceso educativo, cada uno a su ritmo. Además, siempre estaba preparada para ayudarnos en situaciones de dificultad. Desde aquí mi agradecimiento a Merche, por su impagable dedicación.
Años después me di cuenta de la labor que desempeña una profesora de educación infantil, porque se trata del comienzo de la vida educativa formal de todos esos niños a quien educas. Se contribuye al desarrollo de actitudes y aptitudes, es decir, a la formación de los niños. Con todas las actividades que se llevan a cabo no solo se consigue que los niños se lo pasen bien, sino que también tengan una finalidad beneficiosa para ellos.
Estas reflexiones justifican mi decisión de ser profesora de educación infantil ya que creo que merece la pena, como se puede apreciar en el vídeo.
Me gusta lo que escribes y cómo lo escribes. Adelante.
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